Cómo íbamos a imaginarnos que no sabía nadar si era un pez?
Aquellos ejercicios de elucubración que nos proponía los viernes Don Ramón me ocupaban todo el fin de semana, y amenazaban con colapsar mi limitada capacidad creativa. A mí, que además no me gustaba el pescado.De repente, decidí que se trataría de un pez enorme: un pezón! Concretamente, el pezón colgante del maestro (que, por cierto, no sabía nadar). Ahora sólo me faltaba darle forma de redacción. Casi nada.
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