viernes, 21 de enero de 2011

Los Platis

(Foto: Actuación en "Los Rosales", C/ Caño Badillo)

Además de unos diminutos pececillos de acuario, como los gupis (bonito nombre también), Los Platis –con mayúscula- fue un curioso grupo musical dado a la música camp con una puesta en escena que incluía decorados de época y vestuario ad hoc.

Cuando la década de los 70 pasaba a la historia como la del cambio definitivo hacia la democracia, Los Platis&Miguel Escanciano recorríamos los acuarioescenarios del Húmedo (también en El Cafetín de Moncho y Reina...) con canciones inolvidables, como “El beso”. El de España, claro. O “Las tardes del Ritz”, sin haber estado ninguno nunca allí hasta la fecha. Y qué decir del “Batallón de modistillas”… ¡Pero qué castizos éramos en aquellos tiempos tan de otras músicas! El gusto por la contracorriente, el disfraz, la juerga, y –cómo no- la música en directo nos permitía estos deslices. Y otros, que también nos daba entonces por poner música al Cancionero del Sagres (1969), de Antonio Pereira, aunque después todo se quedara en una presentación en el salón de actos del instituto Juan del Enzina… ¡Pena!

Qué tiempos. Por cierto, se me olvidaba mencionar a Mercedes (violonchelo) y Santi (guitarra). Lástima que todo fuera interrumpido por aquella manía que había entonces de llamar a la gente a filas. Y más lástima que fuera yo el elegido en aquella ocasión. Y definitivamente lastimoso que tal militarización me pillara de lleno en el 23-F… Pero esa es otra historia que, de momento, no os merecéis.

miércoles, 19 de enero de 2011

Échame a mí la culpa...

En mis años de farándula pachanguera, el bueno de Albert H. cantaba algo así como “sabes mejor que nadie que me engañaste, que lo que prometiste se te olvidó…” Y también lo que titula estas líneas. ¿Que a qué viene esto?
Pues viene a cuento de las pasadas elecciones sindicales de los docentes de la segunda división de la enseñanza en nuestra comunité (la enseñanza no universitaria, vamos). Porque algunos sindicalistos, como algunos pollíticos, siguen prometiendo con cara de póker para, acto seguido, echarle la culpa al muerto de su fiasco. Bueno, en este caso, quien ostenta el más alto rango en el escalafón del sindi de CC OO Enseñanza en CyL, ha ido mucho más lejos: Echa la culpa de su fracaso electoral a los ignorantes electores vivos. ¡Qué garrulos ellos, no saber que Paquillo era el mejor (como España)! Pero eso no es todo; alguno de sus primeros espadachines, sin pelos en la lengua pero dejando un rastro de mofetilla, afirman tajantes que la culpa también fue del mal tiempo. ¡Manda callar (que decía mi madre)! Resulta ahora que al electorado de CC OO le echa para atrás el frío; y a los que no, les ha traicionado la mano derecha…



En fin, que tras años de inutilidad en la dirección federal de la cosa de enseñanza en nuestra organización, no queda sino concluir que siempre se puede hacer peor: hemos pasado de ser la cuarta fuerza (no confundir con el cuarto poder) a la quinta. Y como sigamos así, acabaremos de un plumazo con el dicho taurino (no soy partidario) de “no hay quinto malo”.

sábado, 15 de enero de 2011

Cleo


Cleo la levantó y allí la esperaba el alacrán. Fiel a su destino, ocupado en aprovechar las sombras de la noche para cobrarse una nueva víctima. Cleo detuvo su mano y casi al instante sintió que perdía la respiración: en realidad ya era demasiado tarde, sudaba y la saliva se multiplicaba en su boca a la vez que un extraño mareo convertía el cielo estrellado en manchas blanquecinas. Después, nada. Cuando despertó, su hermana Coletas la miraba con sus inmensos ojos negros: "Te lo dije, Cleo, vamos a la cama que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar".

Lengua viva


Del silencio obligado de la sala me llegó en un murmullo un diálogo estridente:
- Apartado del mundo y solo. Solo apartado del mundo. Ubicuidad la tuya que desde hoy habitas el contexto.
- Tú, sin embargo, amputado en contra de lo siempre previsto: tu guion se desmorona condenado a un monosílabo destino.
- ¿Es el verdugo el habla cortando de un tajo la escritura?
- Hagamos pues un acto de locura: ¡berdugo la hacademia!