
Mi óptico se ha puesto al día y mis ojos –digo, mis eyes- gozan de repente de un glamour impensable en aquella España mía del COU y del francés. Por fin el inglés se pasea por nuestras calles y negocios, no sé si gracias a la proliferación de centros bilingües, a que ya estamos instalados en Europa y el World, porque somos amigos de Obama, o porque el señor Rajoy le ha pedido los apuntes a Cameron… (Porque la verdad es que al otro señor, al señor Zapatero, no le hemos oído ni el yes.)
Aunque bien mirada la cosa nuestra, nos parecemos más a esa moda USA del spanglish. En nuestro caso, claro, más por necesidad que por abrir nuevos horizontes de expresión. Lo acuciante, según la publicidad machacona, es adquirir vocabulario anglosajón cuanto antes. Eso sí, de forma natural. Y con mil palabras, ya puestos. El resto de métodos parece que no ponen de acuerdo ni a comunidades, ni a padres, ni a profesorado… Es lo malo de los métodos artificiales, que cuestan dinero, bastante dinero para los tiempos que corren. No sería pues extraño que tuviéramos que desempolvar las cintas de magnetofón con aquellas frases hechas que –como decía Gila- luego no había forma humana de meterlas en conversación alguna: My tailor is rich… (¡pero quién tiene sastre hoy día, señor!). Nada, nada, es mucho más productivo usar lo de las mil palabras (o quinientas, dependiendo del bolsillo de cada cual) y meterlas en el momento adecuado: “Mire doctor, tengo el body machacado de tanto footing…”; “¿Please, necesitan personnel?”; “¡My god, el Papa en Spain!”… por poner ejemplos que seguramente nadie ha oído en su vida, pero que se aproximan a la realidad que acabará llegando. Ya verán.
Aunque bien mirada la cosa nuestra, nos parecemos más a esa moda USA del spanglish. En nuestro caso, claro, más por necesidad que por abrir nuevos horizontes de expresión. Lo acuciante, según la publicidad machacona, es adquirir vocabulario anglosajón cuanto antes. Eso sí, de forma natural. Y con mil palabras, ya puestos. El resto de métodos parece que no ponen de acuerdo ni a comunidades, ni a padres, ni a profesorado… Es lo malo de los métodos artificiales, que cuestan dinero, bastante dinero para los tiempos que corren. No sería pues extraño que tuviéramos que desempolvar las cintas de magnetofón con aquellas frases hechas que –como decía Gila- luego no había forma humana de meterlas en conversación alguna: My tailor is rich… (¡pero quién tiene sastre hoy día, señor!). Nada, nada, es mucho más productivo usar lo de las mil palabras (o quinientas, dependiendo del bolsillo de cada cual) y meterlas en el momento adecuado: “Mire doctor, tengo el body machacado de tanto footing…”; “¿Please, necesitan personnel?”; “¡My god, el Papa en Spain!”… por poner ejemplos que seguramente nadie ha oído en su vida, pero que se aproximan a la realidad que acabará llegando. Ya verán.
Lo cierto, a la luz de lo expuesto hasta aquí, es que de oído no andamos muy bien. Al menos, de oído para los idiomas. Quién no recuerda si no, aquellas primeras pelis españolas de españolitos diciendo sandeces en “esfrañol” a las francesas de al lado… Claro que no todo era así entonces. Recuerdo también la excelente idea de los cines de “arte y ensayo”, donde podías ver –y oír - películas en versión original subtitulada. Aunque resultó que tampoco los subtítulos eran nuestro fuerte y decidimos que éramos un país de extraordinarios dobladores. Y así hasta nuestros días. Somos un poco tozudos: justo aquí al lado, en Portugal, los niños tienen contacto directo con los idiomas desde la todopoderosa televisión (no se dobla como aquí). De esa manera, aunque no se inician en el aprendizaje oficial hasta la educación primaria (en España ya lo hacemos en la educación infantil), llevan por delante un rodaje de horas de audición.
Total, que tener buen ojo y oído para la lengua parece más un revoltijo de carne que una frase hecha y derecha. Así que a ponerse las pilas (las del casete) y a aprender Inglés nada más que acabe la última campanada de este año 10? Y si os parece difícil, pues iniciad un curso de yoga, que tranquiliza mucho.
Total, que tener buen ojo y oído para la lengua parece más un revoltijo de carne que una frase hecha y derecha. Así que a ponerse las pilas (las del casete) y a aprender Inglés nada más que acabe la última campanada de este año 10? Y si os parece difícil, pues iniciad un curso de yoga, que tranquiliza mucho.

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