domingo, 28 de noviembre de 2010

Human eye


Mi óptico se ha puesto al día y mis ojos –digo, mis eyes- gozan de repente de un glamour impensable en aquella España mía del COU y del francés. Por fin el inglés se pasea por nuestras calles y negocios, no sé si gracias a la proliferación de centros bilingües, a que ya estamos instalados en Europa y el World, porque somos amigos de Obama, o porque el señor Rajoy le ha pedido los apuntes a Cameron… (Porque la verdad es que al otro señor, al señor Zapatero, no le hemos oído ni el yes.)
Aunque bien mirada la cosa nuestra, nos parecemos más a esa moda USA del spanglish. En nuestro caso, claro, más por necesidad que por abrir nuevos horizontes de expresión. Lo acuciante, según la publicidad machacona, es adquirir vocabulario anglosajón cuanto antes. Eso sí, de forma natural. Y con mil palabras, ya puestos. El resto de métodos parece que no ponen de acuerdo ni a comunidades, ni a padres, ni a profesorado… Es lo malo de los métodos artificiales, que cuestan dinero, bastante dinero para los tiempos que corren. No sería pues extraño que tuviéramos que desempolvar las cintas de magnetofón con aquellas frases hechas que –como decía Gila- luego no había forma humana de meterlas en conversación alguna: My tailor is rich… (¡pero quién tiene sastre hoy día, señor!). Nada, nada, es mucho más productivo usar lo de las mil palabras (o quinientas, dependiendo del bolsillo de cada cual) y meterlas en el momento adecuado: “Mire doctor, tengo el body machacado de tanto footing…”; “¿Please, necesitan personnel?”; “¡My god, el Papa en Spain!”… por poner ejemplos que seguramente nadie ha oído en su vida, pero que se aproximan a la realidad que acabará llegando. Ya verán.
Lo cierto, a la luz de lo expuesto hasta aquí, es que de oído no andamos muy bien. Al menos, de oído para los idiomas. Quién no recuerda si no, aquellas primeras pelis españolas de españolitos diciendo sandeces en “esfrañol” a las francesas de al lado… Claro que no todo era así entonces. Recuerdo también la excelente idea de los cines de “arte y ensayo”, donde podías ver –y oír - películas en versión original subtitulada. Aunque resultó que tampoco los subtítulos eran nuestro fuerte y decidimos que éramos un país de extraordinarios dobladores. Y así hasta nuestros días. Somos un poco tozudos: justo aquí al lado, en Portugal, los niños tienen contacto directo con los idiomas desde la todopoderosa televisión (no se dobla como aquí). De esa manera, aunque no se inician en el aprendizaje oficial hasta la educación primaria (en España ya lo hacemos en la educación infantil), llevan por delante un rodaje de horas de audición.
Total, que tener buen ojo y oído para la lengua parece más un revoltijo de carne que una frase hecha y derecha. Así que a ponerse las pilas (las del casete) y a aprender Inglés nada más que acabe la última campanada de este año 10? Y si os parece difícil, pues iniciad un curso de yoga, que tranquiliza mucho.













martes, 16 de noviembre de 2010

Mejorar la enseñanza

Que los deseos se conviertan en realidad no es algo que se pueda conseguir con un agitar de varita mágica o cerrando los ojos con fuerza tras ver pasar una estrella fugaz. Algunos, incluso ofrecen una gran resistencia, por más que un número enorme de seres los pretenda con toda sinceridad. Ocurre con las reivindicaciones del profesorado (protagonista esencial de la enseñanza), y no porque ahora estemos en campaña electoral –que también- sino porque aún nos quedan muchas condiciones laborales que mejorar para un número muy significativo de hombres y mujeres (más de 5.000 en nuestra provincia) que trabajan en las aulas de colegios e institutos, conservatorios, equipos de orientación, hospitales, cárceles, etc. Y conseguir condiciones laborales adecuadas contribuye evidentemente a mejorar la enseñanza.

A lo largo de estos últimos años se han dado pasos importantes desde la representación sindical para conseguir mejoras en las condiciones sociolaborales de los docentes, tanto a nivel estatal como a través de la negociación autonómica. Baste recordar algunos muy significativos, a cuyo logro CC OO ha contribuido de forma decidida: avances retributivos hacia la consecución de la paga extraordinaria completa, que pronto será una realidad; mejoras laborales, como el reconocimiento de la jornada de 35 horas semanales a partir del curso próximo; y sociales, con el mantenimiento de la jubilación anticipada, incluidos los profesores acogidos al régimen general de la Seguridad Social, con incremento del 25% de las gratificaciones aportadas por el estado.

Los agoreros predicen desde sus púlpitos que las instituciones en general y los sindicatos en particular estamos llamados a morir, incluso después de concluir que han sido instrumentos para la defensa de los trabajadores. ¿Acaso se tiene constancia de que ya no lo sean? ¿Tan decimonónico es ahora reivindicar mejores condiciones laborales? Otra cosa es que los deseos en este terreno, como ya dije, para convertirse en realidad requieran perseverancia y el respaldo de los trabajadores y trabajadoras.

Mejorar la enseñanza es posible. Tanto o más que mejorar la agricultura, la minería, la industria o el comercio. Pero no sirve que se legisle a espaldas de los verdaderos artífices del proceso, y mucho menos que se utilicen las leyes educativas como arma arrojadiza de la batalla política. No sirve que los gobiernos pretendan avanzar sin invertir, sabedores de que sus funcionarios sacarán adelante cualquier tarea bendecida por los boletines oficiales, sea ésta filosofía educativa equivocada o catecismo del padre G. Astete. Los que abogamos en su momento por un esfuerzo de consenso en la educación lo hemos hecho con todos los gobiernos (azules y colorados), exigiéndoles la responsabilidad que tienen ante los ciudadanos. Y lo seguiremos haciendo. Nuestra única correa de transmisión está en relación con los trabajadores y trabajadoras, en la defensa de sus derechos y en la consecución de sus reivindicaciones. Es más, somos trabajadoras y trabajadores que no huimos de nada ni de nadie porque estamos convencidos de que nuestra labor es necesaria. Difícil, poco valorada, estresante, a veces descorazonadora… pero necesaria.

Quienes beben en el revuelto río de las estadísticas para evidenciar la situación de disparidad intercomunitaria en sueldos y condiciones laborales olvidan sin duda hacer mención de hechos objetivos y desconocen en qué realidad regional desarrollamos nuestro trabajo. Las plataformas sindicales ya advirtieron en el proceso negociador que la Junta de Castilla y León pretendía la deshomologación del profesorado; sólo la presión y la convocatoria de movilizaciones consiguieron acercar las posturas de la administración a las de los sindicatos. Nuestros gobernantes se comprometieron a asumir los beneficios laborales conseguidos en el ámbito de la negociación estatal, y ahora pretenden hacer oídos sordos. Hemos demandado a lo largo de estos años de transferencias educativas, desde el 2000, más personal en los centros para hacer frente a las nuevas circunstancias educativas, así como formación e información en la lucha contra la violencia escolar (¿Es que la inversión anunciada por la Consejería para asegurar a alumnos y profesores no existía hasta ahora? Transparencia y rigor en la información, por favor). Hemos demandado públicamente mayor información y distribución equitativa en lo referido a la escolarización de alumnado en nuestras ciudades, así como la previsión de nuevas construcciones de centros públicos…

Estamos en Castilla y León (mientras el Estatuto no diga lo contrario) y por supuesto aspiramos a estar en las mejores condiciones sociolaborales, sean éstas las de Navarra o las de Cataluña. Y exigir con fuerza a la administración autonómica no es –vuelvo a repetirlo- apretar los ojos y los puños y esperar a que todo cambie por arte de birlibirloque. El camino para avanzar pasa por la negociación; y si no la hay, y quien tiene el bocyl o el boe incumple lo acordado, será necesaria la presión en sus múltiples formas: concentraciones, manifestaciones, manifiestos… y sí, la huelga como alternativa legítima. ¿Sencillo, no? En absoluto. A pesar de ser una empresa con un número de trabajadores muy elevado (27.000 docentes no universitarios en la región), y con posibilidades por tanto de hacer valer sus reivindicaciones, la administración se las arregla para dividir, envenenar las relaciones intersindicales y abrir tantos fuegos como sea posible para hacer inútil la capacidad de nuestro camión cisterna de apagarlos. Y esto se cambia con el respaldo, con la unión sindical, con propuestas de todos y todas (y que defendamos todos y todas). En definitiva, con la palabra y la acción. Insisto: Mejorar la enseñanza, contigo es posible.

(Publicado en El Diario de León durante las elecciones sindicales de 2006 en el sector de la enseñanza pública no universitaria)

domingo, 14 de noviembre de 2010

Paseo


A unos pocos kilómetros de donde vivo, la Sobarriba es una invitación atractiva a un paseo relajante en cualquier época del año. Es sábado por la mañana, de noviembre, y el cielo gris lejos de presagiar agua inmediata contribuye al recogimiento y a la tranquilidad de todo a mi alrededor.
Primero, la devoción. Un año más, los pinares de este entorno singular se han llenado de níscalos naranjas que juegan al escondite con mi vista cansada entre las agujas secas. Los hay para todos los gustos: en familia, solitarios, tapados, deformes, agusanados, putrefactos, grandes, pequeños, rotos, comidos, abandonados... toda una alegoría de la vida misma, la nuestra sin ir más lejos. Cojo los suficientes para degustar en compañía. Lo contrario, el abuso, es lo que nos llevará a más cotos y, si la meteorología sigue torciéndose, a la escasez.
Después, el placer del camino hasta los robles: esos maravillosos árboles con los que de pequeños nos alentaban para crecer "sanos y fuertes ". La Sobarriba concita una variedad sorprendente de paisaje, depositado en un monte bajo salpicado por pequeños pueblos y alguna urbanización inevitable. Esta mañana, mis pasos me han llevado hasta los aledaños de San Feliz. Qué mejor nombre. Un tractor ara a lo lejos, y es el único sonido que rompe el silencio. También algún grajo, de vez en cuando.
Ya de vuelta, me detengo ante unas balas de paja varadas en el mar extinto de un campo de cebada. Detrás, los robles, el monte y el horizonte me proporcionan el escenario justo para una instantánea que ya es historia. En mi memoria, el recuerdo grato de una mañana tranquila y a la vez provechosa. En mis botas, el barro fértil de una tierra a la que cada vez echo más de menos.