me reconcilian con lo mejor de mi mismo ofreciéndome sus mejores ejemplares a cambio sólo de regresar al año siguiente. De pie blanquecino y sangre negra, adornan su cabeza con una chapela marrón que, en los ejemplares más jóvenes, es apenes un gorrillo ceñido... Ricos, sí señor; poco apreciados en su entorno, ¡que sea por mucho tiempo!; negros cuando se fríen (¡y quién no!) y pelín viscosos... son, os lo aseguro, deliciosos.Fue en la mañana del dos de octubre, un tiempo de luz derramada sobre prados secos con la inestimable compañía sonora del citado arroyo. Nada hacía presagiar la llegada de la lluvia y el vendaval, que se presentaron con nocturnidad para compartir sueños y pesadillas en el valle de Lugueros (e imagino que en gran parte del noroeste). Bienvenido sea este otoño, ya más acorde con lo que se espera de él. Falta hace como nunca a la tierra sedienta de arriba y de abajo. Y falta hace, por supuesto, a quienes gustamos de rebuscar setas y hongos con la ilusión del encuentro. ¡Que llueva, que llueva!
Asqueroso...
ResponderEliminarno se puede enseñar esto hombre, un poco de respeto a los que no los hemos cogido hombre...
ResponderEliminarInvitado quedas a un pase privado en el prado que elijas, una tarde de otoño , que haya llovido, que la temperatura sea suave, y Haya Hecho sol ( COMO CUANDO los caracoles sacan los cuernos ) ...
ResponderEliminarFi, qué foto tan chula! .Me gusta también el texto en tu línea diver-cachonda-sentimental.
ResponderEliminarUn besín.
Pues mira, yo acabo de comerme unas setas de cardo como acompañamiento de un pollo de corral que nada tiene que envidiar al boletus dichosus tuyo. En fin, ya veo que has vuelto a la senda de los hongos, así que imagino que te volverás intratable de nuevo, como ocurre con todos los depredadores, sean seteros, cazadores o pescadores. Que haya suerte, camarada.
ResponderEliminar