
He aquí la playa de mi vida: Penarronda. Con la marea por los pies y el borde primaveral de abril adornando la arena herida por las rocas. Mi playa, nuestra playa, donde María conoció el mar y la arena, la lluvia y el "nordés" (ese viento que se empeña en recordar al invierno en pleno verano). En el medio, la peña vigila el horizonte y hace balance de las pérdidas de la última marejada...
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