viernes, 18 de marzo de 2011

Calocybe gambosa (Tu nombre me sabe a seta)


Con el tiempo, uno se va quedando con lo más querido de cada estación. Y por lo que a la primavera se refiere, esta seta de santo apellido (san jorge) da sentido por sí misma a las últimas primaveras que en mi mundo han sido. Bueno, con excepción de los tiempos secos y de los foragidos sin escrúpulos que esquilman el monte cuando las calocybes aún son meros botones hundidos en la hierba...

Así es la cosa. El puñado de "gambosas" que veis en la foto pertenece a la recolección de 2008, buen año en los seteros de la montaña oriental a pesar de no ser óptimo en cuanto a lluvias invernales. La aventura comenzó años atrás, cuando había que encontrar los seteros a golpe de interminables excursiones, mirada al suelo, al espino, escudriñando la hierba casi con lupa. Porque no son grandes -salvo que ya estén muy desarrolladas- y se pegan al suelo como lapas dejándose cubrir por la hierba en familias de varios miembros, y jugando al corro. Ningún setero que se precie de tal, te dirá sus sacrosantos lugares; antes, te regalará unos ejemplares. De ahí que en ocasiones, quien esto escribe, haya tenido que perseguir a los más viejos del lugar para iniciarse en esta afición que ya, sin remedio, te atrapa para siempre.

Pues aquí mismo está ya otra primavera. Y la esperanza de que viejos lugares vuelvan a su fertilidad de hace años. Y el paseo por el monte. Y la excitación por el descubrimiento de nuevos sitios. Un placer, en definitiva, que uno espera -nunca mejor dicho- como agua de mayo.