Poco a poco este país nuestro, incluido el leonés, se va convirtiendo en una Cotolandia de andar por casa: coto de caza, coto de pesca, coto de setas, coto escolar, coto matamoros... Sí, a medida que desaparecen las industrias, la agricultura, el comercio, etc., es necesario crear cotos para organizar el ocio de tanta gente desocupada. Claro, que lo malo de este invento es que hay que pagar. Y si al menos el pagar garantizase el beneficio en tales reductos (peces, corzos, boletus...), pues aún. Lo malo es que en los ríos no nada casi nada; que en los montes sólo hacen el cabra las motos; y las setas -al menos las comestibles- pronto dejarán a los enanitos a la intemperie.Este invento del "aprovechamiento", que es palabra más suculenta que la de coto, esconde detrás un afán muy extendido últimamente: la recaudación pura y dura a cambio de nada. Porque es más que evidente que el pago de la autorización no asegura lo mínimo (la seta), que depende a su vez de que las condiciones atmosféricas hayan sido las adecuadas y no las que mande el alguacil. En muchos municipios (decir todos podría ser un atrevimiento), además, no hay experto a disposición del buscador para comprobar que la amanita no es faloides. Y claro, puede pasar, como tantas y desgraciadas veces, que por la boca muera el pezsonal a manos de un plato de delicioso veneno campestre... Por tanto, ya sabemos para quién es el "aprovechamiento".
Del coto escolar, no cabe duda de que más pronto que tarde será el último reducto del campo. Eso sí, rodeado de asfalto por todas partes menos por una: la entrada/salida. De hecho, la última vez que fui a buscar unas macrolepiotas proceras (setas, vamos), resultó que se habían convertido en unos adosados de espantoso color y hechura. Es posible que ni el propio coto escolar logre sobrevivir a este afán nuestro de alicatarlo todo...
Y qué decir del coto matamoros, pues que tiene sitio en la mismísima wikipedia. Que la tele está plagada de esta senderuela de nulo valor culinario, pero que es degustada por millones de personas con secuelas graves de insomnio (como poco) y sabe dios qué consecuencias neurológicas en la descendencia... En este caso, aprovechamiento cero.
